sábado 4, febrero 2023

De perder un ojo por tumor a tatuar mujeres con cáncer de mama

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«Un pecho sin pezón es un pecho sin identidad, al igual que un rostro sin ojos». Habla Álvaro Quesada. Y sabe de qué habla. Tiene 32 años y es ciego del ojo izquierdo.

Un tumor benigno en el nervio óptico fue el culpable y desde entonces todo cambió. El revés le obligó a reinventarse hasta convertirse hoy en un Miguel Ángel de los pechos sin identidad.

Tuerto desde hace cuatro años, Álvaro, que antes era modelo y actor en series y anuncios, nunca lo ha visto tan claro. Por eso, cuando entra con sus brazos tatuados por el Hospital público de Torrejón de Ardoz (Madrid), los médicos lo reciben con alegría y las pacientes que le aguardan le miran con admiración, entre sonrisas y nervios.

Un pasillo largo flanqueado por puertas naranjas y paredes color crema, antesala del estudio de tatuaje improvisado de Álvaro en el hospital madrileño, nos sumerge en la nueva vida del hombre solidario al que no le importa que le llamen el ‘reconstructor’ de pezones.

Invitado por Álvaro y los cirujanos César García y Lorenzo Rabadán, de la Unidad de Mama, EL MUNDO asiste a dos reconstrucciones de pezón. El tatuador acude con una pistola rosa, «como símbolo de la lucha contra el cáncer de mama», para hacer sus dibujos sobre la piel. Noelia y Begoña, de 31 y 50 años respectivamente, llegan cargadas de expectativas. El cáncer un día, explica la mayor, les quitó sus pezones. Álvaro ahora lo va a reparar…

Álvaro y las enfermeras reciben a Begoña con una sonrisa. Así amenizan el primer tanteo. Tras desnudarse, una de las enfermeras le retira los apósitos rellenos de una crema protectora dejando entrever su historia. «El doctor Lorenzo le extirpó [a mediados de agosto de 2015] el cáncer en sus dos senos, y en la misma intervención se le implantaron las dos prótesis mamarias«, cuenta la doctora Raquel Barriga mientras Begoña la mira con admiración. Ella ha sido una de sus ángeles de la guarda.

Entre risas y nervios la paciente se sienta en la camilla frente a Álvaro. El tatuador previamente ha preparado el material y también ha tenido una conversación con Begoña en la sala de espera para explicarle cómo funciona el proceso del tatuaje permanente. Y por qué usa una pistola rosa. Primero coge una plantilla de círculos, similar a esas que se utilizan para hacer circunferencias en las escuelas de primaria. Después, recoge de su estuche metálico un rotulador rojo y otro negro. El primero es para dibujar el epicentro del pezón. El segundo, para la circunferencia que forma la areola. Cuando finaliza esta parte, ultima los detalles antes de coger el pincel. Toca los pechos para determinar la sensibilidad que conservan, mide la altura de los pezones para que sean iguales…

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