Actualizado: Jul 16, 2019
El padre
Jun 3, 2019 | Mas Noticias, Opiniones, | El Guardián
El padre Ayala

JUAN B. NINA

 

Nació en La Vega, República Dominicana el 27 de diciembre de 1789. Hijo de Manuel de Jesús, Subteniente de milicias en La Vega y de la señora Ana Santos Fabián. El padre Ayala usó varias firmas: Juan de Jesús Ayala Fabián y García; Juan de Jesús Ayala García; Juan de Jesús Fabián.

Estudió en la antigua Universidad de Santo Tomás de Aquino. Fue ordenado sacerdote a principios del año 1815. Estudió Derecho Civil y Canónico en 1815 y 1816. Nombrado Cura Párroco y Bayaguana en 1816 donde terminó de construir ese Santuario y publicó una novena al Santo Cristo de los Milagros.

Sufrió las penalidades consiguientes a las persecuciones de que fueron víctimas los colonos de Santo Domingo, entrando el siglo XIX. Estuvo preso en Haití, cuando Dessalines en el año 1805 se llevó de La Vega centenares de habitantes.

Participó en la lucha de la Reconquista en el año 1809. Espíritu hecho a las durezas del dolor, pero siempre propició al bien, halló en el sagrado ministerio del sacerdocio el noble ejercicio para que había nacido.

Según carta del Padre Ayala al Vicario Apostólico de Santo Domingo, él llegó a San Cristóbal el 16 de agosto de 1820. Inició la construcción de la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, en el año 1828 y la termino 10 años después, empleando todo su dinero y trabajó en ella.

En carta a Mons. Cocchia dice que “cargando una piedra con otro me lastimé la cintura y sufro mucho todo el año”.

También edificó un asilo de ancianos. Al llegar a San Cristóbal solo encontró, según dice: “unos simples detraídos ornamentos y un altarcito”. De manera que con él empezó la verdadera fundación de San Cristóbal moderno con edificaciones y calles, permaneciendo allá hasta la hora de su muerte el 22 de agosto de 1879, contando ya con 90 años y 64 de sacerdocio.

Fue uno de los que intervinieron en la elaboración de la primera Constitución de la República en 1844, y al final echó un discurso que se conserva, comentando el Art. 28 de la Carta Magna donde se estipula que la religión del estado es la Católica, aunque se permitan, otros cultos.