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Gracita Barinas: Maestra que mantuvo vivo el fuego del postumismo

Pertenecía a una generación en la que los Barinas formaban parte activa de la vida social y cultural de San Cristóbal

by victorm
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Andrés Julio Rivera Bazil

SAN CRISTOBAL, RD.-Gracita Barinas: Maestra que mantuvo vivo el fuego del postumismo. Gracita Barinas nació en San Cristóbal en 1914, en el seno de una familia de fuertes raíces locales. Fue hija de una familia laboriosa de la calle Constitución, en pleno corazón del casco urbano sancristobalense, donde vivió la mayor parte de su vida.

Pertenecía a una generación en la que los Barinas formaban parte activa de la vida social y cultural de San Cristóbal. Tuvo varios hermanos, con quienes compartió no solo la vida hogareña sino también el sentido de pertenencia y compromiso comunitario característico de la familia.

Desde pequeña mostró inclinación al estudio, la cultura y la organización. Su hogar fue un espacio donde se valoraba la disciplina y el aprendizaje, bases que marcaron toda su trayectoria.

En 1937, con apenas 22 años, en la ciudad de Salcedo conoció al poeta Domingo Moreno Jimenes, creador del Postumis­mo,  quien fue su secretaria.

Naya Pereyra, quien heredó de su madre el carácter firme y la cercanía con la vida comunitaria. Su esposo José Pereyra Montás, oficial de la PN.

Solange Pereyra, también vinculada al quehacer cultural y social, manteniendo vivo el espíritu familiar de servicio.

El hogar Moreno-Barinas no fue simplemente una casa: fue un centro de encuentro cultural, donde se recibían escritores, poetas y jóvenes deseosos de aprender.

Maestra de Economía Doméstica en 1944, en un tiempo en que esta disciplina era clave en la modernización educativa.

Estudios en Letras Antillanas y Estudios Sociales en la Universidad Católica Madre y Maestra (UCMM).

Cursos con el humanista Dr. Max Henríquez Ureña, lo que la conectó con las corrientes literarias y culturales de América.

Fue maestra en la Escuela Dominicana de Economía Doméstica, donde formó a generaciones de mujeres dominicanas.

Se desempeñó como secretaria del Instituto de la Poesía Osvaldo Bazil entre 1950 y 1986, siendo la memoria organizativa del Postumis­mo.

En 1973 fue elegida presidenta del Ateneo Dominicano de San Cristóbal, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en alcanzar ese nivel de dirección en la vida cultural de la ciudad.

Producción intelectual y memoria escrita

Su nombre aparece junto al de Odalís G. Pérez y Douglas Hasbún José en el libro “Domingo Moreno Jimenes. El legado cultural de su obra en San Cristóbal” (Fotomegraf, 2010). Esta obra constituye un registro histórico y un testimonio humano que la coloca como pieza clave de la memoria cultural sancristobalense.

Vivió 106 años (1914-2020), lo que la hizo testigo de más de un siglo de historia dominicana.

Residió siempre en San Cristóbal, en la tradicional calle Constitución, punto de referencia de la vida cultural de la ciudad.

Fue reconocida por su carácter sereno, firme y servicial, atributos que la convirtieron en el eje invisible de muchos proyectos culturales.

Vecinos recuerdan verla salir a las actividades culturales del Ateneo, siempre con discreción y elegancia.

Algunos alumnos y discípulos han comentado en redes que “Gracita no levantaba la voz, pero todo se hacía como ella lo organizaba”.

Su longevidad le permitió ser memoria viviente de una época en que San Cristóbal era hervidero de pensamiento y creación.

Resistencia femenina: en tiempos donde las mujeres eran relegadas, alcanzó liderazgo institucional.

Resistencia cultural: sostuvo la vigencia del Postumbris­mo en medio de censura y silencios impuestos por la dictadura.

Resistencia comunitaria: defendió la idea de que San Cristóbal no era periferia, sino centro cultural con voz propia.

Falleció en 2020 a los 106 años. Su legado puede resumirse en tres pilares:

  1. Educación: abrió puertas para la profesionalización de la mujer dominicana.
  2. Cultura: dirigió instituciones claves y sostuvo procesos organizativos.
  3. Memoria literaria: sin su labor, parte de la obra de Domingo Moreno Jimenes y Osvaldo Bazil se habría perdido.

Gracita Barinas fue más que la secretaria de un poeta: fue educadora, organizadora, intelectual discreta y culturalista pionera. Desde la calle Constitución de San Cristóbal, tejió silenciosamente la historia de la educación y la cultura dominicana.

Su nombre debe figurar junto a Emilia Pereyra, Aída Cartagena Portalatín, Hilma Contreras y Aída Báez, como símbolo de la mujer que sostuvo la cultura con dignidad, sin pedir protagonismo.

La historia del Postumis­mo no puede contarse sin la silenciosa fuerza de Gracita Barinas, maestra que hizo de la cultura un puente vivo entre generaciones.

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